Inicio Las Reglas Literatura Imágenes Chistes Reportajes El Clú de Fans Visitas
  Cuentos Acción Solidaria El Arcón Cultural CNGB El Pañol Formación Acertijos Eventos
Arcón Cultural
Producto
100% ARGENTINO
PFDBEl Arcón Cultural - Poesías

 Poemita para una flor arrojada desde el puente  
Dejó caer una flor,
En el río y desde el puente.
Miró como se alejaba,
Lenta, firme,
y displicente.

Corrió para encontrar,
a la flor en su camino.
Pero no pudo ser.
Pues siempre le separó,
La justa mitad del río.

Pepe Fuera de Borda


 Plegaria del Marino  
Busqué en el espacio infinito del mar,
la línea recta a la que nunca se llega.
El viento en la cara, los cabos nudosos
endureciendo la piel y la sal de la mañana
brillando en la cubierta desteñida de los días.
Encontré tierras extrañas, con hombres umbríos,
sin más sueños que el próximo día.
Con dioses de pura piedra y ciegos ojos.
Escuché sus lamentos, oí el rumor de sus gritos
a la nada y el patético silencios de sus santos.
Asistí absorto a sus esperanzas insensatas,
A sus sueños de vida en la muerte y sus dioses callaron lo que no podían dar.
Y mientras aún soñaba con el mar y con timones dóciles en mis manos,
comprendí la verdad, el espanto, la risa de los reyes en sus tronos democráticos.
Entonces, una noche en que la luna gris se asomo indecisa sobre los oscuros
y altos edificios, supe que mi lugar no estaba allí, si no allá.
Y partí buscando la simple verdad de paz y tormentas, de agua y soles.
Sin más deseo que el viento y con la única sed de cielos y estrellas.
Una mañana de frió invierno dejé atrás a los hombres,
Huí montado en las ásperas olas de julio, hacia el cálido norte.
Al horizonte eterno que marca el fin inexorable de nuestros sueños.
Hacia la vida que no es otra cosa (libre de dioses y tiranos)
que la sucesión de días multitudinarios de gaviotas y delfines.
Ahora los vientos acarician las velas, mientras mi manos marineras
me llevan ,firmes al timón, hacia todas las estrellas que puedo ver.
Hacia tantos amaneceres como queden, hacia tantas noches en
sueñe con otros días luminosos, mientras la ola,
en su juego de amor golpee con delicadeza mi nave blanca,
como un tambor cuyo sonido surja de los profundos abismos,
a los que un día partiré, entonces para siempre
y no habrá en ése tiempo falsos dioses de piedra,
ni lapidas para mi nombre, solo la ola inmensa
cubriendo la exhausta y atribulada historia de los hombres.
Hombres engañados por otros hombres perversos.
Las jarcias silban el canto eterno de las sirenas
y entonces soy feliz

Germán Diograzia (www.elportaldelosbarcos.com)


 Atardecer  
Con el atardecer se pierde el rumbo y la desazón gana terreno en playas desiertas de vos.
Al rumbo del alba se otea tu figura a lo lejos… tal vez estés en otra playa… quizás.
Enfacho mi figura para izar motores de viento, esos que ayudan a volar y a aprender a olvidar también.
Las bitácoras se llenan de nulidades de encuentro, y en algunas páginas firmo con una lágrima para engañar mi sed de ti.
Mis canas ya reflejan la luz del sol segando mis esperanzas y mis agotadas fuerzas.
Logro alcanzar una ráfaga de recuerdos que me impulsa a seguir la búsqueda infructuosa hacia vacíos destinos.
Ahora estoy llegando, ya el corazón late con más incertidumbre que antes. La brisa está celando tu esencia, como si quisiera que mi olfato no te delate.
Reviso el nuevo espejismo y no hallo más que más de nada…
Que agonía.
Ya es tarde… vuelvo a mi cama con los ojos cerrados para no ver la realidad, pienso en tratar de no pensar lo que me falta para alcanzar, ahora, el sueño profundo que a veces si me lleva a encontrarte.
Quizás mañana te encuentre en otra playa que todavía no encontré… quizás…

Carlos Baldi


 La Gavina  
En el mar una gavina
en la sorra
un pescador
en el col una guirnalda
per donarsela a su amor

La gavina era doncella
y una tarda del Tardor
la doncella perdio el seny
i també perdió un tresor.

MA.Marqueta


 La Sirena  
Quisiera navegar contigo proa al viento.
en el breve espacio de un velero.
Mas lamento
no poder expresar mi pensamiento
por el miedo a que noten mi deseo.
No eres mujer,Ni pez
si no ambas cosas.
Y no puedes vivir fuera de ambiente
Y yo no soy capaz
ni soy valiente
para lanzarme a La Mar
y estar contigo eternamente.

MA.Marqueta


 La Nao de Amor  
En altas ondas del mar
navegando con fortuna,
al tiempo vela ninguna
non pudiendo comportar,
contrarios vientos a par
sacudiendo las entenas,
esforcé con velas buenas,
mas non pude contrastar
al grand poder de mis penas.

Nave de grande humildança
fis por compas nin velando,
en amor fortificado
su camino de esperança,
las tablas de lealtança
inuctadas con discreción,
empegadas de rason
enla casa de temprança
servando iusto timón.

Yo fise de fortaleça
el mastel et la mesana,
las entenas de muy sana
fusta nueva sin cortesa;
las xarcias de firmesa,
las velas otro que tal,
la sorra puse de sal,
pistada con gran destresa
con obediencia coral.

Desque ví la perfección
de aquesta preciosa nave,
en poder puse en la nave
de discreta execución;
e fise sota patron
largos tiempos abstinencia,
marinos a patiencia,
conformes en opinión
a singular diligencia.

Desque fué toda guarnida
de las cosas necesarias,
contra fortunas contrarias,
noblemente bastecida,
oferta siempre mi vida
a servitud sin error,
veré mi nave sennor,
con precisión ofrecida
al templo de dios de amor.

Juan de Dueñas (Sobre 1460)


 Mediterráneo  
Quizá porque mi niñez sigue jugando en tu playa
y escondido tras las cañas duerme mi primer amor
llevo tu luz y tu olor por dondequiera que vaya
y amontonado en la arena
guardo amor, juegos y penas

yo, que en la piel tengo el sabor
amargo del llanto eterno
que han vertido en ti cien pueblos
de Algeciras a Estambul, para que pintes de azul
sus largas noches de invierno
a fuerza de desventuras
tu alma es profunda y oscura...
A tus atardeceres rojos se acostumbraron mis ojos
como el recodo al camino
soy cantor, soy embustero, me gusta el juego y el vino
tengo alma de marinero
qué le voy a hacer si yo nací en el mediterraneo

Y te acercas y te vas después de besar mi aldea
jugando con la marea te vas pensando en volver
eres como una mujer perfumadita de brea
que se añora y que se quiere
que se conoce y se teme...
Ay si un día para mi mal viene a buscarme la parca
empujar al mar mi barca con un Levante otoñal
y dejad que el temporal desguace sus alas blancas
y ami enterradme sin duelo entre la playa y el cielo
en la ladera de un monte más alto que el horizonte
quiero tener buena vista
mi cuerpo será el camino le daré verde alos pinos
y amarillo a la genista
y cerca del mar porque yo nací en el Mediterráneo
nací en el Mediterráneo...

Joan Manuel Serrat


 Tempestad  
Escrito sobre el agua está tu nombre. Nadie debe olvidarlo.

Oh tempestad levanta tu ternura, tu arma quebrada, tu
incendiado escudo. Penetra por mi rostro y por mis
venas, duras de soledad, largas de espera.

Por ti destruí mi brújula y el mapa del aire dibujante de
barcos. Por ti yo he comprendido quién soy y quién
he sido. Entendí que los míos se pudren en abismos
entre helados cruceros sin sentido. Cierra tus puños y
abre las compuertas, inunda limpiamente, dulcemente,
oh tempestad levanta tu amargura.

Tu nombre está bajo la misma calma, oculto en las señales
del rocío.

Roberto Rosa (Nacido 1930)


 Tempestad  
Escrito sobre el agua está tu nombre. Nadie debe olvidarlo.

Oh tempestad levanta tu ternura, tu arma quebrada, tu
     incendiado escudo. Penetra por mi rostro y por mis
     venas, duras de soledad, largas de espera.

Por ti destruí mi brújula y el mapa del aire dibujante de
     barcos. Por ti yo he comprendido quién soy y quién
     he sido. Entendí que los míos se pudren en abismos
     entre helados cruceros sin sentido. Cierra tus puños y
     abre las compuertas, inunda limpiamente, dulcemente,
     oh tempestad levanta tu amargura.

Tu nombre está bajo la misma calma, oculto en las señales
     del rocío.

Roberto Rosa (Nacido 1930)


 Del Amor Navegante  
Porque no está el Amado en el Amante
ni el Amante reposa en el amado,
tiende Amor su velamen castigado
y afronta el ceño de la mar tonante.

Llora el Amor en su navío errante
y a la tormenta libra su cuidado,
porque son dos: Amante desterrado
y Amado con perfil de navegante.

Si fuese uno Amor, no existiría
ni llante, ni bajel ni lejanía,
sino la beatitud de la azucena.

¡Oh amor sin remo, en la unidad gozosa!

¡Oh círculo apretado de la rosa!

Con el número Dos nace la pena.

Leopoldo Marechal (1900-1970)


 Botella al mar  
Pongo estos seis versos en mi botella al mar
con el secreto designio de que algún día
llegue a una playa casi desierta
y un niño la encuentre y la destape
y en lugar de versos extraiga piedritas
y socorros y alertas y caracoles.

Mario Benedetti


 Poema de amor  
El sol nos olvidó ayer sobre la arena,
nos envolvió el rumor suave del mar,
tu cuerpo me dio calor; tenía frío,
y allí en la arena
entre los dos nació este poema,
este pobre poema de amor, para ti...

Joan Manuel Serrat


 Tu  
Tú, mi proa, mi timón,mi timonel,
mi barco y todo, mi mar,
mi ancla,mi arena, y mi caña de pescar,
mi brújula y mi norte, mi puerto y mi soporte,
mis velas y mis redes,
mi pesca y mi muelle,
mi capitán y mi tripulación.
¿Qué más puede pedir el corazón?

Ricardo Arjona


 Volcán  
Besabas como nadie se lo imagina
igual que una mar en calma,
igual que un golpe de mar
y siempre te quedabas a ver el alba
y a ser tu mi medicina para olvidar.

Jose Jose


 Frente al mar  
FRENTE AL MAR Oh mar, enorme mar, corazón fiero
De ritmo desigual,corazón malo,
Yo soy más blanda que ese pobre palo
Que se pudre en tus ondas prisionero.

Oh mar, dame tu cólera tremenda,
Yo me pasé la vida perdonando,
Porque entendía, mar, yo me fui dando:
«Piedad, piedad para el que más ofenda».

Vulgaridad, vulgaridad me acosa.
Ah, me han comprado la ciudad y el hombre.
Hazme tener tu cólera sin nombre:
Ya me fatiga esta misión de rosa.

¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,
Me falta el aire y donde falta quedo,
Quisiera no entender, pero no puedo:
Es la vulgaridad que me envenena.

Me empobrecí porque entender abruma,
Me empobrecí porque entender sofoca,
¡Bendecida la fuerza de la roca!
Yo tengo el corazón como la espuma.

Mar, yo soñaba ser como tú eres,
Allá en las tardes que la vida mía
Bajo las horas cálidas se abría...
Ah, yo soñaba ser como tú eres.

Mírame aquí, pequeña, miserable,
Todo dolor me vence,todo sueño;
Mar, dame, dame el inefable empeño
De tornarme soberbia,inalcanzable.

Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza.
¡Aire de mar!... ¡Oh,tempestad!¡Oh enojo!
Desdichada de mí, soy un abrojo,
Y muero, mar,sucumbo en mi pobreza.

Y el alma mía es como el mar, es eso,
Ah,la ciudad la pudre y la equivoca;
Pequeña vida que dolor provoca,
¡Que pueda libertarme de su peso!

Vuele mi empeño, mi esperanza vuele...
La vida mía debió ser horrible,
Debió ser una arteria incontenible
Y apenas es cicatriz que siempre duele.

Alfonsina Storni


 Grumete  
¡No pruebes tú los licores!
¡Tú no bebas!

¡Marineros, bebedores,
los de las obras del puerto,
que él no beba!

¡Qué él no beba, pescadores!

¡Siempre sus ojos despiertos,
siempre sus labios abiertos
a la mar, no a los licores!

¡Que él no beba!

Rafael Alberti


 Pirata  
Pirata de mar y cielo,
si no fui ya, lo seré.
Si no robé la aurora de los mares,
si no la robé,
ya la robaré.

Pirata de cielo y mar,
sobre un cazatorpederos,
con seis fuertes marineros,
alternos, de tres en tres.

Si no robé la aurora de los cielos,
si no la robé,
ya la robaré.

Rafael Alberti (1924)


 Concierto Marino  
La polca de los peces saltarines,
el rock de los escualos, la obertura
sinfónica del agua que murmura
y el blues de las ballenas y delfines.

La balada salvaje, rubias crines
de un pegaso de nubes, la hermosura
del temblor de la vida que fulgura
en el lomo de tiernos alevines.

Bemoles, sostenidos y corcheas
como negras, soñadas golondrinas
se posan en las blancas azoteas.

En este maremagnum mis ideas
se confunden con-fusas. Las ondinas
se marchan con el zoom de las mareas.

María del Carmen Guzmán (Nautilia)


 Amanece  
Amanece:
Rojo, púrpura y gris,
en el cielo quieto.

Amanece.
Estrellas fugaces de rocío,
hacen un nuevo cielo en la cubierta.
Creo que el barco ha llorado.
Con timidez, con vergüenza y en secreto,
cuando anoche,
nos acunaba la corriente.

Amanece.
Para las balizas solitarias.
Para el Surubí.

Baja el Guardafaros,
Caracoleando hasta el mate,
lleva un silencio al hombro.
Anota soledades nuevas
en su gastado libro de bitácora.

Susurran las velas,
con las primeras luces.
Quieren ser gaviotas
cuando suba el sol.
Gorgean y trinan,
en la percha de los palos,
y entonces hay escándalo de bandada.

Amanece siempre por el Este.
Para la geografía y la náutica.

Amanece siempre.
En todos lados

Pero para mí,
Ahora que tengo un nuevo calendario,
es donde se abren tus párpados,
es hasta donde llegan mis manos.

Marcelo Mac Kenzie del Squeak - Junio 2004


 Uno de Otoño  
"Parece haberse desplomado sobre el agua,
un cielo de hojas muertas.
Flotan quietas en el agua.

El río, simplemente: yace.
Y es un estirado tapíz marrón.

Acaricia el agua el casco de mi barco
Y llego al recodo,
Ese mismo donde dobló mi adolescencia,
Y a ella la vi por primera vez, con mis manos.
Detengo su rumor de abejas.
Pliego una a una sus alas blancas
Y mi barco - cisne
Duerme entonces su siesta
De madera.

Hay una catedral de glicinas aquí.
Entre dos brazos del río niño.
La atrapan ahora los dedos secos
De árboles desesperados.

Dentro, duermen rumores y graznidos,
Los capullos son sueños verdes
Y la selva respira entrecortada.

Entonces, aquí en el recodo,
En el silencio del agua,
Late el Corazón del Otoño.

Y en este lugar,
Río del tiempo
Otoño ahora yo también,
Desescamando mis hojas amarillas,
Las primeras leñas de mis manos,
Y mis primeras escarchas..

Marcelo Mac Kenzie del Squeak - Mayo 2004


 Islas  
Mancha blanca en el horizonte,
Caparazón de Tortuga que deslumbra al navegante
Déjame entrar en la bahía profunda de tu cuerpo
Y dibujar tus contornos en mi nave......

Espuma de mar fresca e infinita,
Que en tus playas se desase a diario
Muéstrame la tibieza de tu arena,
Eres Blanquilla y me entrega tus dones

Tus picos grises al cielo,
Muestran una furia que no existe,
Espera con confianza mis caricias,
Son Testigos de mi promesa al viento...

El sol te quema con su ardiente reflejo,
Sueño de amores y caricias tiernas,
Mójame con tu agua cristalina
En los Roques, descubrí mi sueño...

Tu belleza me deja consternado,
Surges del mar ocupándolo todo,
Déjame poseerte en toda tu extensión,
Como una Margarita entre las manos..

Islas de Venezuela,
Las quiero y las disfruto
Como a la mujer que amo,
Con mi cuerpo y con mi alma...

Horacio Alfonso (Feliche)


 Soles  
Sol de la mañana que dibujas en el mar flechas de luz,
muéstrame el camino de su cuerpo imaginado,
para bañar con olas toda su estructura mágica,
arena cristalina y algas sedosas.

Sol del mediodía que me quemas el alma,
deja que mi calor penetre en su altar,
como un pez suave y azulado,
con fuerza de mil océanos y ternura de espuma.

Sol de la tarde que transformas la luz en mil colores,
permíteme caminar contigo toda su extensión,
para besar cada centímetro de su geografía,
y disfrutar su cuerpo sudoroso.

Sol gracias por tu amor...............

Horacio Alfonso (Feliche)
17-10-2001


 Un Son para Niños Antillanos  
Por el Mar de las Antillas
anda un barco de papel:
Anda y anda el barco barco,
sin timonel.

De La Habana a Portobelo,
de Jamaica a Trinidad,
anda y anda el barco barco
sin capitán.

Una negra va en la popa,
va en la proa un español:
Anda y anda el barco barco,
con ellos dos.

Pasan islas, islas, islas,
muchas islas, siempre más;
anda y anda el barco barco,
sin descansar.

Un cañón de chocolate
contra el barco disparó,
y un cañón de azúcar, zúcar,
le contestó.

¡Ay, mi barco marinero,
con su casco de papel!
¡Ay, mi barco negro y blanco
sin timonel!

Allá va la negra negra,
junto junto al español;
anda y anda el barco barco
con ellos dos.

Nicolás Guillén Enviado por Alfonso Horacio "Felu" de Puerto La Cruz, Venezuela


 Reglas de Gobierno  
Si ambas luces de un vapor,
por la proa has avistado,
debes caer a estribor,
dejando ver tu encarnado.

Si da verde con el verde,
o encarnado con su igual,
entonces nada se pierte,
siga a rumbo cada cual.

Si a estribor ves colorado,
debes con cuidado obrar,
cae a uno u otro lado,
para, o manda ciar.

Si acaso por tu babor,
la verde se deja ver,
sigue avante, ojo avizor,
débese el otro mover.

Buque que a otro alcanza,
gobernará sin tardanza.

Entre un vapor y un velero,
maniobra siempre el primero.
(excepto cuando el velero alcanza)

Está siempre vigilante,
y ten presente además,
si hay peligro por delante,
modera, para o da atrás.

(Una más:)
¡Anda siempre "ojo avizor"
y ten presente además,
sin no hay peligro por delante,
que no te den por detrás!

Autor Desconocido


 Cartas de Navegación  
Hoy recorro en mi barco
viejas cartas que me dicen...
cada marca....muchas millas
de viajes y aventuras...
así fui navegando mi vida...

Borde a borde, fui singlando
mi vida en ese río color de león...
Dejando tras su estela muchas
historias... algunas sin final...

La luna y el tiempo lleno de plata
mis cabellos y de surcos mi piel
la música que el viento
toca en la jarcia me dice
ya de un largo viaje
sin regreso que algún día
he de emprender...

No temas mi barco....
mi mano estará en tu timón
ya no importa el rumbo...
déjate llevar en ese viaje
que juntos emprenderemos

.... Y en la obscuridad de la noche
y en la luz de los amaneceres
se dejaran sentir canciones con rumor
de aguas cortadas por tu proa
y música de batir de velas
que al viento dirán...

Navega mi barco... navega...
una eternidad de mares
hacen tu camino...
No temas... no temas...
yo estaré contigo...

J.Guillermo Fratantoni


 Pequeña Poesía sobre el Rio  
"¿Que es lo que ahora te turba
pequeña con ojos de río?
¿No sabes que tienen espinas
las rosas de tu camino?
¿Que tienes,que ya de tus ojos
no entiendo el color que profesan?
El llanto que contenido
sirvió de fuente al poeta
No es mas que agua de río
que al fluir...espinas lleva..."

Mariel (1997)


 Fiebre Marina  
Debo volver al mar.
Al solitario mar y al cielo.

Y sólo pido un velero y una estrella,
para timonear hacia ella,
y el tirón de la rueda y el canto del viento
y de las blancas velas al gualdrapear
y en el rostro del mar una gris neblina,
y el alba cerrada que empieza a clarear.

Debo volver al mar,
Pues el llamado de la mar al pasar,
es un llamado salvaje y claro,
Un reclamo que no se puede negar.

Y todo lo que pido es el viento soplando,
en un día de blancas nubes,
salpicaduras de espuma que vuela
y las gaviotas gritando.

Debo volver al mar,
A la vida de gitano errante.

Al camino de la gaviota y la ballena,
dónde el viento es un cuchillo cortante.

Y sólo pido una alegre anécdota,
que me cuente un sonriente camarada,
Y un buen dormir,
Y un dulce sueño al terminar la jornada

John Masefield


 El Forzado  
Amarrado al duro banco
de una galera turquesa,
ambas manos en el remo
y ambos ojos en la tierra,
un forzado de Dragut
en la playa de Marbella
se quejaba al ronco son
del remo y de la cadena:
<<¡Oh, sagrado mar de España;
famosa playa serena,
teatro donde se han hecho
cien mil navales tragedias!
Pues eres tú el mismo mar
que con sus crecientes besas
las murallas de mi patria,
coronadas y soberbias,
tráeme nuevas de mi esposa,
y dime si han sido ciertas
las lágrimas y suspiros
que me dice por sus letras,
porque si es verdad que llora
mi cautiverio en su arena,
bien puedes al mar del Sur
vencer en lucientes perlas.
Dame ya, sagrado mar,
a mis demandas respuesta,
que bien puedes, si es verdad,
que las aguas tienen lenguas,
pero, pues no me respondes,
sin duda alguna que es muerta,
aunque no lo debe ser,
pues que yo vivo en su ausencia;
pues he vivido diez años
sin libertad y sin ella,
siempre al remo condenado,
a nadie matarán penas.>>
En esto se descubrieron
de la religión seis velas
y el cómitre mandó usar
al forzado de su fuerza.

Luis de Góngora


 Hablo con el Mar  
Sentado en estas rocas, mar, te escucho.
No entiendo tus palabras pero adivino a ciegas
que algo quieres decirme mas no puedes llevarme
adonde yo quisiera, ¡oh inmensidad sin centro!
No te entiendo, madre-muerte, madre-amante, madre-amor,
¿O eres tú la que no entiende mi modo humano de hablar?
¿Hasta cuando tengo que seguir esperando
mi retorno a tu origen, madre natal?


 La Luna es una Ausencia  
La luna es una ausencia
de cuerpos en la nieve;
el mar, la afirmación
de lo total presente.
¡Adiós, pájaros altos,
instantes que no vuelven!
¡Cuánto amor en la tarde
que se me va y se pierde!
El mar de puro ser
se está quedando inerte.
¡Ser mar! ¡Ser sólo mar!
Lo quieto en lo presente.
Y no la luna sin sangre,
blanco abstracto hacia muerte,
máscara del silencio,
teoría de nieve.
¡Ser mar! ¡Ser sólo mar!
¡Mar total en presente!


 Nocturno  
Ya es de noche. Ya no puedo
seguir hablándote. Basta.
No hay corazón. Suena el mar.
Mi sangre de un golpe calla.

Una música me abre
sus mil alas y secretos;
una música me puebla
y ya casi no me siento.

Ya no siento la maciza
presencia que llamo cuerpo.
Siento el mar, tan sólo el mar,
ese mar siempre latiendo.

No, ya no puedo, no puedo
escuchar mi sentimiento;
hablarte como si fuera
yo, y no la noche, quien tiembla.

Gabriel Celaya


 Los Mares  
El mar. Chasquido breve,
muerte de adolescencia
sobre la arena tibia.
Playa.
El mar. Ámbito exacto:
allí acaba, aquí empieza,
aquí estoy yo, allí ella.
Ausencia.
El mar. Embate plano
contra las rocas tajadas.
Escribe blanca espuma
con el cantil su acróstico.
Se lo descifra el viento.
Secreto.
El mar. Sal en los labios
que beso, y esa gota
que va rodando, ajena,
por mejilla sin llanto.
La sal y el agua
en el amor y en el aire.
El mar. Las rastrojeras
ardidas.
Un chopo solo y quieto.
Esqueléticos galgos
buscan agua en el cauce
seco.


 Mar Distante  
Si no es el mar, si es su imagen,
su estampa, vuelta, en el cielo.
Si no es el mar, si es tu voz
delgada,
a través del ancho mundo,
en altavoz, por los aires.
Si no es el mar, si es su nombre
en un idioma sin labios,
sin pueblo,
sin más palabra que ésta:
mar.
Si no es el mar, si es su idea
de fuego, insondable, limpia;
y yo,
ardiendo, ahogándome en ella.

Pedro Salinas


 Mar Ideal  
Los dos vamos nadando
-agua de flores o de hierro-
por nuestras dobles vidas.

-Yo, por la mía y por la tuya;
tú, por la tuya y por la mía-.

De pronto, tú te ahogas en tu ola,
yo en la mía; y, sumisas,
tu ola, sensitiva, me levanta,
te levanta la mía, pensativa.


 El Mar Ligero  
El mar castiga el clamor de las botas en seco
que pasan sin miedo de pisar ea los rostros,
a aquellos que besándose sobre la arena lisa
toman formas de conchas de dos en dos cerradas.

El mar bate sólo como un espejo,
como una ilusión de aire,
ese cristal vertical donde la sequedad del desierto
finge un agua o un rumor de espadas persiguiéndose.

El mar, encerrado en un dado,
desencadena su furia o gota prionera,
corazón cuyos bordes inundarían al mundo
y sólo pueden contraerse con su sonrisa o límite.

El mar palpita como un vilano,
como esa facilidad de volar a los cielos,
aérea ligereza de lo que a nada sustenta,
de lo que sólo es suspiro de un pecho juvenil.

El mar o pluma enamorada,
o pluma libertada,
o descuido gracioso,
el mar o pie fugaz
que cancela el abismo huyendo con un cuerpo ligero.
El mar o plamas frescas,
las que con gusto se ceden en manos de las vírgenes,
las que reposan en los pechos olvidadas del hondo,
deliciosa superficie que un viento blando riza.

El mar acaso o ya el cabello,
el adorno,
el airón último,
la flor que cabecea en una cinta azulada,
de la que, si se desprende, volará como polen.


 El Mar  
¡Quién dijo acaso que la mar suspira,
labio de amor hacia las playas, triste?
Dejad que envuelta por la luz campee.
¡Gloria, gloria en la altura, y en la mar, el oro!
¡Ah soberana luz que envuelve, canta
la inmarcesible edad del mar gozante!
Allá, reverberando
sin tiempo, el mar existe,
¡Un corazón de dios sin muerte, late!
Vicente Aleixandre


 Mar por la Tarde  
Altos muros del agua, torres altas,
aguas de pronto negras contra nada,
impenetrables, verdes, grises aguas,
aguas de pronto blancas, deslumbradas.

Aguas como el principio de las aguas,
como el principio mismo antes del agua,
las aguas inundadas por el agua,
aniquilando lo que finge el agua.

El resonante tigre de las aguas,
las uñas resonantes de cien tigres,
las cien manos del agua, los cien tigres
con una sola mano contra nada.

Desnudo mar, sediento mar de mares,
hondo de estrellas si de espumas alto,
prófugo blanco de prisión marina
que en estelares límites revienta,

¿qué memorias, qué rocas, yelos, islas,
informe confusión de aguas y nada,
qué mares, encendidos prisioneros,
dentro de ti, bajo tu pecho, cantan?

¿Qué violencias recónditas, qué labios,
conmueven a tu piel de verdes llamas?,
¿qué desoladas aguas, costas solas,
qué mares invisibles, mar, alías?,

¿dónde principias, mar, dónde te viertes?,
¿dónde principias, tiempo, vida mía,
ejército de humo y de mentira,
adónde vas, latido, carne, sueño?

¿Dónde te viertes, avidez de nada?
No soy la piedra que se precipita,
soy su caída, y más, soy el abismo,
el círculo de sombra en que se ahonda.

Tiempo que se congela, mar y témpano,
vampiro de la luna o se despeña:
madre furiosa, inmensa res hendida,
mar que te comes vivas las entrañas.

Octavio Paz


 El Mar ese Evangelio  
El mar / ese evangelio donde dicen
que Jesús caminó con desparpajo
esa alfaguara de los invasores
esa fontana de los pusilánimes
sabe mucho muchísimo de náufragos

el mar lleva en la cresta de sus olas
destellos esotéricos del faro
una copia virtual del universo
que acabará dejando en otra orilla /
el frágil recadero de la historia
se transforma en gigante sordo y mudo

si está desaforado llega y huye
por algo es la ocasión de los suicidas /
si está manso y benigno / languidece
con los corales y los pescadores
el mar empieza en mi balcón de rocas
y acaba en la mitad del horizonte


 Mar Insípido  
El mar de tan insípido es inmenso
no tiene corazón ni abrecaminos
cual saliva de dios inexplicable
viene y se va sin entregarnos nada

el mar opaco o transparente crece
o decrece en el lecho de su hondura
señor de los naufragios deja cuerpos
en las islas que esperan su legado

a sus olas sin sol no las conmueve
ni la sirena fiel de copenhague
el mar no es un puñal / son mil puñales
que acaban con los viejos pescadores

no sabe perdonar / su ley de siempre
es que el pez grande ha de comerse al chico
nosotros pasaremos pero el mar
quedará como sábana y testigo

Mario Benedetti


 El Hombre y El Mar  
¡Hombre libre, tu siempre preferirás el mar!
La mar es el espejo en que tu alma se mira,
en su onda infinita eternamente gira,
y tu espíritu sabe lo amargo saborear.

Hundiéndote en su seno, desnudo para el viaje,
la acaricias con brazos y ojos; tu corazón
se distrae muchas veces de su propia canción
al escuchar la suya, indómita y salvaje.

Los dos sois tenebrosos y a la vez sois discretos:
hombre, nadie ha llegado al fondo de tu abismo;
¡oh mar!, nadie ha llegado a tu tesoro mismo;
¡con tan celoso afán guardáis vuestros secretos!

Y entre tanto que pasan siglos innumerables,
sin piedad y sin miedo uno y otro atacáis,
de tal modo la muerte y el combatir amáis,
¡oh eternos luchadores, oh hermanos implacables!

Charles Baudelaire


 Donde Habite el Olvido  
El mar es un olvido,
una canción, un labio;
el mar es un amante,
fiel respuesta al deseo.

Es como un ruiseñor,
y sus aguas son plumas;
impulsos que levantan
a las frías estrellas.

Sus caricias son sueño,
entreabren la muerte,
son lunas accesibles,
son la vida más alta.

Sobre espaldas oscuras
las olas van gozando.


 No Intentemos el Amor Nunca  
Aquella noche el mar no tuvo sueño,
cansado de contar, siempre contar a tantas olas,
quiso vivir hacia lo lejos,
donde supiera alguien de su color amargo.

Con una voz insomne decía cosas vagas,
barcos entrelazados dulcemente
en un fondo de noche,
o cuerpos siempre pálidos, con su traje de olvido
viajando hacia nada.

Cantaba tempestades, estruendos desbocados
bajo cielos con sombra,
como la sombra misma,
como la sombra siempre
rencorosa de pájaros estrellas.

Su voz atravesando luces, lluvia, frío,
alcanzaba ciudades elevadas a nubes,
cielo Sereno, Colorado, Glaciar del Infierno,
todas puras de nieve o de astros caídos
en sus manos de tierra.

Mas el mar se cansaba de esperar las ciudades,
allí su amor tan sólo era un pretexto vago
con sonrisa de antaño,
ignorado de todos.

Y con sueño de nuevo se volvió lentamente
adonde nadie
sabe nada de nadie,
adonde acaba el mundo.

Luis Cernuda


 Hoy Estoy Aquí  
Hoy estoy aquí
Es un día como tantos
Diviso del ventanal
El reflejo de los Sauces en el Río
Y las lanchas a su paso
Marejada contoneante
¡PARANÁ MINÍ!
Por chico te pusieron algún día
Nunca tus aguas se aquietan
Llena de peces estas
De juncos en las orillas
Camalotes se desprenden
al ver tus aguas bravías.
Que pasan y se detienen
al llegar a alguna orilla.
Este es mi paisaje hoy
Igual que lo fue ayer
Es muy bello y natural
Se huele a vida total
Llegará la Primavera
Con su perfume de azahar
Anunciando nueva vida
En las plantas de Frutal.

Marta Diana Rial (habitante del Paraná Miní)


 Violet Island (Fragmento)  
Reina Maria Rodríguez (Cubana 1952)

yo conocí a cierto hombre, un hombre extraño.
cuidaba cada día y cada noche la luz de su faro
un faro en la medianía que no indicaba mucho,
un faro pequeño para embarcaciones de poco nivel
y pueblos oscuros de pescadores. allí, en su isla,
él intercambiaba con su faro las sensaciones
esperando cada día cada noche, esa otra luz
que no vigila la persecución de algún objeto,
esa otra luz que no ilumina nada,
otra luz reflexiva, que cruza hacia adentro,
la distancia entre el puerto seguro del sitio
y el ojo que mira volver, por encima y transparente,
la ilusión provisional que se eterniza:
esa curva del ser tendido junto al faro
sin precaución ni límite, para ser o tener
lo que imperfectamente somos. nada más,
que soñar lo que sueñe y estar donde está
sobre las quietas aguas y apagarlo todo en el cuadro
de un día y ser nuevo otra vez hacia la madrugada
junto al faro pequeño y perdido de Aspinwoll
sin siquiera imaginar que existe algún deseo
fuera de desear la breve luz que cae, anocheciendo,
sobre las quietas aguas y los sonidos muertos ya
de aquellas olas, que en otro tiempo, fueron su pasión:
su dolor; de gozar y sufrir; un refugio sincero.
como el guardafaros de Aspinwoll, sólo en su faro,
yo me quedé dormida, a pesar de la intensa luz que cae
y sobresale por encima del tiempo, a pesar de la lluvia
golpeando el espejo de los peces blancos,
a pesar de aquella luz espiritual que era su alma,
yo me quedé dormida entre el puerto y la luz,
sin comprender: quería, sólo quería un tiempo más
para volver aprendiendo, no sobre la resaca de la conmiseración
donde atan su mástil los desesperados;
no la fortuna auténtica de vivir sin saber; sin darse cuenta;
no la luz provisional que se eterniza y finge lo que seremos
o el miedo de poseer la realidad opaca, intrascendente.
yo quería la vida sólo por el placer de morir; sobre las quietas aguas
junto a los peces blancos y estaba impaciente
porque sucediera todavía: la reedición de mi inconsciente
para que alguien hallara allí lo no tocado, la otra voz,
no de este ser intermediario, un cuerpo para medír las grietas
bajas, un cuerpo para la violación de un yo impracticable:
yo me quedé dormida, inconsecuente, en la imaginación
de ese ser otro en la distancia, suficientemente avanzada
para tener iluminación propia en Aspinwoll, pero fracasada
también, oscurecida, como el guardafaros sobre las quietas aguas
de lo que imperfectamente somos, en la medianía
de un faro que no indicaba mucho, a través de la lluvia cálida
y real de lo imposible.

soy Fela. no te conozco. este cuerpo con que vendré no es mío.
la aparición será otra cosa: como despeñarse, una avería,
un silencio.
y si pierdo? o si gano? o si atravieso el foso vertical?

me acerco a los animales como únicos sobrevivientes
maravillados con el ocio de la luz
y estos pastos vacíos que atravieso con horror
y llamándolos. me acerco. adónde van, adónde van todos?
buscando dónde asir lo que hubo de cierto
y sin espejismos del desastre de ser como únicos sobrevivientes
los plumajes, los picos, las apariciones constantes
del faro en su vértigo tal vez los haga comprender mi intención
de contar todavía alguna sombra, alguna luz.
no quiero domesticar a nadie más: todo lo contrario.
que ellos penetren con su sabiduría en mis voces
y se acerquen sin ser; sin pedir; sin darse cuenta
pero conociendo desde el doblado ojo enrojecido, otro lenguaje
otra profundidad que no marque lo seguro, ningún término,
ninguna valentía. sólo estar donde estamos y posarnos
como inteligencias diferentes en la sensación, pretándonos
dolor; angustia, alguna llama estable.

y ahora dime... gime al oído
fue una ciudad con puerto.
los nombres de sus barcos profundos
anclaron alguna vez aquí.
nombres raros con esmaltes muy fuertes
y encendidos.
estábamos rodeados de horizonte y de agua.
porque los puertos permiten olvidar y recibir
olvidar y volver.
fue una ciudad con puerto
donde ya no se ha ido ni ha vuelto nadie más
una niebla permanente cubre la tela de fondo
todavía azul y humedecida del invierno
y el descolorido ondear de las banderas
agujereadas por la sombra.
si bien antes fue un limite
cuando salías a mirarlo y correr
ahora es sólo la apariencia de un límite
el sonido de las sirenas muertas
que ya no suenan a través de ti
ni se confunden ni te llaman.
pero en dónde está el puerto?
¿y los barcos?
¿y el faro?
¿y los hombros de los marineros convidándote
a otros puertos oscuros?


 Shima - Uta  
Cuando la flor de Deigo comenzó a florecer,
trajo el viento y con él vino el temporal.
Cuando la flor de Deigo se hizo ver
Trajo el viento y con él vino el temporal.

Las tristezas son como las olas que vienen y se van
Como olas que atraviesan la isla, son cosas del mar.

Dentro del mar te encontré
Y dentro del mar nos dijimos adiós
Canción de la isla, súbete al viento
y junto con los pájaros, atraviesa los mares
Para llevar puro este mensaje
Canción de la isla, súbete al viento
y haz llegar nuestras lágrimas derramadas

La flor de Deigo se ha deshojado
Y solo queda el murmullo de las olas
Nuestra felicidad es como la onda del mar....

AMIGO, que cantaste junto a mí en el mar
Y en el mar nos dijimos adiós

Canción de la isla súbete al viento
Y haz llegar nuestra amistad

Mar, Universo, Dios, Vida....les pido paz
Hasta la eternidad.


Canción Japonesa
Aporte Marcelo
Libres del Sur



 Poéticas  
Los barcos cantan mejor que las sirenas

Vicente Huidobro


La vida es como un viaje por mar: hay días en calma y días de borrasca. Lo importante es ser un buen capitán de nuestro barco.
Jacinto Benavente


 Poemas en la Arena  
Las olas vienen.
Las olas van.
Como las olas,
tu recuerdo viene y se va.

Las olas vienen.
Las olas se van.
Mi silencio -- un silencio de cien puertas cerradas--,
se encrespa de rumores, como el mar.

¡El mar, el mar, amor!
¡Amor, el mar!
Mi corazón es una playa triste,
y tú eres una ola que viene y que se va...

Jose Angel Buesa


 La Última Gaviota  
Como una franja temblorosa, rota
del manto de la tarde, en raudo vuelo
se esfuma la bandada por el cielo
buscando, acaso, una ribera ignata.

Detrás, muy lejos, sigue una gaviota
que con creciente y pertinaz anhelo
va de la soledad rasgando el velo
por alcanzar la banda ya remota.

De la tarde surgió la casta estrella,
y halló siempre volando a la olvidada,
de la rauda patrulla tras la huella.

Historia de mi vida compendiada,
porque yo soy, cual la gaviota aquella,
ave dejada atrás por la bandada.

Ricardo Miró (Panameño)


 La Mar Ciñe  
La mar ciñe a la noche en su regazo
y la noche a la mar; la luna, ausente;
se besan en los ojos y en la frente;
los besos dejan misterioso trazo.

Derrítense después en un abrazo,
tiritan las estrellas con ardiente
pasión de mero amor y el alma siente
que noche y mar se enredan en su lazo.

Y se baña en la obscura lejanía
de su germen eterno, de su origen,
cuando con ella Dios amanecía,

y aunque los necios sabios leyes fijen,
ve la piedad del alma la anarquía
y que leyes no son las que nos rigen.

Miguel de Unamuno


 Elegia Del Niño Marinero  
MARINERITO delgado,
Luis Gonzaga de la mar,
qué fresco era tu pescado,
acabado de pescar!

Te fuiste, marinerito,
en una noche lunada,
tan alegre, tan bonito,
cantando, a la mar salada!

Qué humilde estaba la mar!
¡El cómo la gobernaba!
Tan dulce era su cantar,
que el aire se enajenaba.

Cinco delfines remeros
su barca le cortejaban.
Dos ángeles marineros,
invisibles, la guiaban.

Tendió las redes, ¡qué pena!,
por sobre la mar helada.
Y pescó la luna llena,
sola, en su red plateada.

¡Qué negra quedó la mar!
¡La noche qué desolada!
Derribado su cantar,
la barca fue derribada.

Flotadora va en el viento
la sonrisa amortajada
de su rostro. ¡Qué lamento
el de la noche cerrada!

¡ Ay mi niño marinero,
tan morenito y galán,
tan guapo y tan pinturero,
más puro y bueno que el pan!

¿Qué harás, pescador de oro,
allá en los valles salados
del mar? ¿Hallaste el tesoro
secreto de los pescados?

¡Deja, niño, el salinar
del fondo, y súbeme el cielo
de los peces, y, en tu anzuelo,
mi hortelanita del mar

Rafael A. Alberti


 Abrazo  
Hoy he sentido el río entero en mis brazos...
Lo he sentido en mis brazos, trémulo...
Vivo como el cuerpo de un hombre verde...
Esta mañana el río ha sido mio:
Lo levanté del viejocauce.
¡Y me lo eché en el pecho!
Pesaba el río... Palpitaba el río adolorido del desgarramiento...
¡Fiebre mía del agua!...-.
¡Me dejó en la boca
un sabor amargo de amor y muerte!

Dulce María Loynaz (cuba 1902-1995)


 La Canción del Pirata  
Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela,
un velero bergantín:
bajel pirata que llaman,
por su bravura, el Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.

La luna en el mar riela,
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Estambul:

"Navega, velero mío,
sin temor,
que ni enemigo navío,
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.

Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés,
y han rendido
cien naciones
sus pendones
a mis pies."

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

"Allá muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.

Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pecho
a mi valor."

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

"A la voz de "¡barco viene!"
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.

En las presas
yo divido
lo cogido
por igual;
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival."

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río;
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna entena,
quizá en su propio navío.

Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

"Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.

Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar."

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

De Don José de Espronceda (1808-1842)


 ¡Agua, no huyas de la sed, detente!  
¡Agua, no huyas de la sed, detente!
Detente, oh claro insomnio, en la llanura
de este sueño sin párpados que apura
el idioma febril de la corriente.

No el tierno simulacro que te miente,
entre rumores, viva; no madura,
ama la sed esa tensión de hondura
con que saltó tu flecha de la fuente.

Detén, agua, tu prisa, porque en tanto
te ciegue el ojo y te estrangule el canto,
dictar debieras a la muerte zonas;

que por tu propia muerte concebida,
sólo me das la piel endurecida
¡oh movimiento, sierpe! que abandonas.

José Gorostiza (1901 -1973)


 ¿Quién Me Compra Una Naranja?  
¿Quién me compra una naranja
para mi consolación?
Una naranja madura
en forma de corazón.

La sal del mar en los labios,
¡ay de mí!
la sal del mar en las venas
y en los labios recogí.

Nadie me diera los suyos
para besar.
La blanda espiga de un beso
yo no la puedo segar.

Nadie pidiera mi sangre
para beber.
Yo mismo no sé si corre
o si deja de correr.

Como se pierden las barcas,
¡ay de mí!
como se pierden las nubes
y las barcas, me perdí.

Y pues nadie me lo pide,
ya no tengo corazón.
¿Quién me compra una naranja
para mi consolación?

José Gorostiza (1901 -1973)


 Pausas (fragmentos)  
          I

¡El mar, el mar!
Dentro de mí lo siento.
Ya sólo de pensar
en él, tan mío,
tiene un sabor de sal mi pensamiento.

          II

No canta el grillo. Ritma
la música
de una estrella.

Mide
las pausas luminosas
con su reloj de arena.

Traza
sus órbitas de oro
en la desolación etérea.

La buena gente piensa
-sin embargo-
que canta una cajita
de música en la hierba.

José Gorostiza (1901 -1973)


 La Orilla Del Mar  
No es agua ni arena
la orilla del mar.

El agua sonora
de espuma sencilla,
el agua no puede
formarse la orilla.

Y porque descanse
en muelle lugar,
no es agua ni arena
la orilla del mar.

Las cosas discretas,
amables, sencillas;
las cosas se juntan
como las orillas.

Lo mismo los labios,
si quieren besar.
No es agua ni arena
la orilla del mar.

Yo sólo me miro
por cosa de muerto;
solo, desolado,
como en un desierto.

A mí venga el lloro,
pues debo penar.
No es agua ni arena
la orilla del mar.

José Gorostiza (1901 -1973)


 La Luz Sumisa (fragmento)  
La luz, la luz sumisa
(si no fuera
la luz, la llamaran sonrisa),
al trepar en los muros, por ligera,
dibuja la imprecisa
ilusión de una blanda enredadera.
¡Ondula, danza, y trémula se irisa!

Y la ciudad, con íntimo candor,
bajo el rudo metal de una campana
despierta a la inquietud de la mañana,
y en gajos de color
se deshilvana.

José Gorostiza (1901 -1973)


 El Alba  
El paisaje marino
en pesados colores se dibuja.

Duermen las cosas. Al salir, el alba
parece sobre el mar una burbuja.

Y la vida es apenas
un milagroso reposar de barcas
en la blanda quietud de las arenas.

José Gorostiza (1901 -1973)


 Dibujos Sobre Un Puerto (fragmentos)  
          Nocturno

El silencio por nadie se quebranta,
y nadie lo deplora.
Sólo se canta
la puesta del sol, desde la aurora.
Mas la luna, con ser
de luz a nuestro simple parecer,
nos parece sonora
cuando derraman sus manos ligeras
las ágiles sombras de las palmeras.

          Oración

La barca morena de un pescador,
cansada de bogar,
sobre la playa se puso a rezar:
¡Hazme, Señor,
un puerto en las orillas de este mar!

José Gorostiza (1901 -1973)


 Fragmentos de José Gorostiza  
Cantarcillo
Salen las barcas al amanecer.
No se dejan amar,
pues suelen no volver
o sólo regresan a descansar.

Elegía
A veces me dan ganas de llorar,
pero las suple el mar.

El faro
Rubio pastor de barcas pescadoras.

La tarde
Ruedan las olas frágiles
de los atardeceres
como limpias canciones de mujeres.


Página Principal | Contactanos
  © Copyright 2003-2006 PFDB