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100% ARGENTINO
 NO SÉ QUE CONTAR  
Por Bernardo Rusquellas (Argentina)


Esto es desesperante. Me dijeron que escribiera un cuento. No tengo ideas. Nunca tuve ideas. Cómo voy a escribir un cuento. Que escriba sobre cosas que conozco, sobre cosas que me pasaron en estos días. ¿Sobre qué? Si nunca pasa nada.

Podría contar lo que le pasó a Amalia, pero, ¿a quién le importa? Ella ya murió. Y no por ahogarse. Nadaba muy bien, justamente por eso nunca usaba chaleco salvavidas. Y el marido le decía que lo usara que se iba a ahogar. Apareció en la costa. Sin chaleco y sin ropa...Se podría hacer un cuento con Heriberto agarrado a la punta del mástil, con las piernas como bandera hacia uno y otro lado. ¡Cómo gritaba ese muchacho! La lancha de prefectura ni lo oía.

Quizás sería más interesante lo del barco con droga. Lo denunciaron por tener droga escondida y lo empezaron a desarmar, ya estaban sacando el tanque de combustible...Ella era hermosa, una de las mujeres mas hermosas que conocí, Amalia era bien morocha con unos enormes ojos verdes algo rasgados.

Estaba contando de cuando lo desmantelaban al queche de García. Pero eso es policial, quizás sea mas apropiado lo de la sirena del “Viento Fresco”. El “Viento Fresco” es un gemelo del barco de Heriberto ¡Cómo gritaba! ¡Aflojen, no hagan tanta ola! ¡Despacio! Que lo iban a oír. Venían comiendo pizza.

Los muchachos aseguraban que era una sirena, con todo lo que tiene que tener una sirena. Les decíamos que era una foca pero... La prefectura es terrible, era un barco de madera el queche, y lo desarmaban tabla por tabla. No sé qué tocaron que empezó a hacer agua.

¿Y el “Siempre a pique”? Ese barco hacía agua permanentemente. Pero cómo navegaba. En las regatas era una luz. Ese sí podría ser un buen cuento ¿Pero a quién le importa? En cambio Amalia, a ella sí que le importó. Navegaba muy bien, muchos fines de semana salía sola con el “Mondrian”. Aun con tormenta como la que se les vino encima al queche de García mientras lo estaban desmantelando y solo estaba atado con un cabito de nada que se cortó al primer bandazo y la lancha de prefectura para un lado y el queche para el otro. Y ya sabe como es la gente de prefectura, cuando pasaban a toda máquina ni se fijaron que Heriberto estaba en el tope del palo. El río era un aceite ese día pero la ola de la lancha sacudió el palo más de diez grados para cada lado. El que escoró lindo cuando se fueron todos a estribor para ver la sirena fue el de los muchachos.

El timonel también fue a mirar y soltó la caña. Ese barco estaba mal equilibrado, tenía demasiada genoa y estaba amurado a babor. Decían que era una verdadera mujer . Les dijimos que habían pasado demasiado embarcados. Dijeron que estaba hermosa, con los ojos abiertos. Sus enormes ojos abiertos, tirada en la playa .Yo me crucé con ella algunas veces, por casualidad. Hace unos días navegábamos en rumbo de colisión y cuando la reconocí me aparté, solo un poco. Para saludarla. Estaba con ése, el sobrino, creo. No la pude ver bien, ella justo entró en la cabina. Estaba espectacular.

Pero el relato era sobre el queche de García cuando se iba contra las rocas mientras le entraba agua por un rumbo y García fumaba su pipa cruzado de brazos.

Los de la prefectura no tenían idea de navegar a vela y cuando tocaban la barra del timón el barco que tenía todo el velamen izado escoraba a tumbar...

Como cuando el timonel del “Viento Fresco” quiso adrizar, la botavara estaba en el agua y no pudo mantenerse en pie. El golpe que...¡Qué golpes se daba Heriberto! Y como gritaba ese muchacho, y se golpeaba contra el mástil con cada bandazo.

Creímos que iba a quedar ahí, en la playa, para siempre, nadie la tocaba. Ella sí que parecía una sirena.

Los del “Viento Fresco” cayeron todos al agua, menos el gordo que estaba trabado en la puerta de la cabina y se puso a gritar como loco y sacudía los brazos. Heriberto en cambio se abrazaba al mástil y se le sacudían las piernas. Cómo se golpeó la cara. Al bajarlo estaba todo ensangrentado. Amalia no, estaba limpia y blanca como la sirena de los del “Viento Fresco”. El barco adrizó solo por fin. Pero el gordo era la primera vez que subía a un barco y no tenía idea de qué hacer. Hundirse no se iba a hundir como el “Siempre A Pique” que en realidad no se llamaba así creo que se llamaba Juanita o algo por el estilo, pero no me acuerdo, no estoy seguro. Pero qué bien navegaba, aunque siempre lleno de agua. Y estaban bombeando cuando se los llevaron por delante. Todos distraídos, unos con la bomba de mano, otros con los baldes. José casi se cae al agua. Igual que los muchachos por ver a la sirena . Que cosa con la sirena, era una obsesión, la vieron una vez o más bien, creyeron verla.

Es que cuando uno tiene una visión...Como cuando la vi a Amalia por segunda vez, o tercera. Yo acerqué mi barco en cuanto vi que era el “Mondrian”, para saludarla. Y la vi en la timonera , solo un segundo porque saltó adentro . El otro estaba timoneando y ni me saludó. Pero me quedó la visión, como la de la sirena. Pero quería contar lo del queche de García. Ni se movió el viejo cuando lo agarró la rompiente, el barco se puso de lado y las olas lo empezaron a destrozar. Encima los de prefectura se habían sacado los chalecos para trabajar mas cómodos y una ola se los llevó. También estuvo lo de los pescadores. Eso quizás sea interesante porque tiene mas pornografía.

Ellos alquilaron un yatecito de motor y salieron sin permiso. “Pichuco” se llamaba y casi termina hecho un acordeón. Uno de los hombres se lastimó apenas soltaron amarras. La del queche no se soltó como dijeron, se cortó limpita porque era un cabito de nada. En cambio los del “Viento Fresco” si tenían buenos cabos, y eso los salvó. Se prendieron como chinches de las escotas, drizas o lo que fuera que hubiese quedado colgando, porque el gordo sin querer o queriendo había liberado la genoa y el barco siguió navegando solo. “Salgo a navegar solo, soy el sobrino”, me mintió el asqueroso ése cuando me lo crucé en el muelle. Si no sabía ni lo que era un barco. En cambio Amalia si que sabía navegar. La vez siguiente que la vi estaba sola, tenía puesto un short y una remera blanca. Corrimos una regatita los dos barcos a la par, nos cortábamos el viento y tratábamos de salpicarnos. Ella se reía todo el tiempo, nos divertimos mucho. Luego me saludó sonriendo, agito su mano y volvió a puerto. Se veía radiante, con la piel bronceada. Pero yo estaba escribiendo sobre los pescadores. Habían llevado como diez cajones de cerveza y una de las mujeres se chupó 2 botellas de golpe para evitar el mareo. Vomitó hasta lo que no había comido. Como los de prefectura, seis horas después que los habían rescatado seguían vomitando, uno estaba bastante golpeado como Heriberto con tres costillas rotas y como el gordo que cuando se desencajó de la cabina, salió disparado contra quien sabe que y se fracturó la clavícula, pero sin querer liberó la escota de genoa y el barco perdió camino. En cambio cuando lo sacaron a García estaba inmutable. Seguramente estaba masticando el juicio que les iba a hacer por destruirle el barco. Y lo ganó. Dijo que se había lastimado pero no, no tenía nada . En cambió Heriberto sí , tres costillas rotas, un hombro luxado y la cara muy lastimada. Llena de sangre como el asqueroso cuando cayó al agua. En cambio Amalia estaba limpia y blanca, por eso no le hicieron nada los tiburones, aunque estuvo muchas horas en el agua.

Como la otra vez que la vi. Estaba nadando con el asqueroso ése con que salía a navegar. Era un día que el mar era un aceite y había parado el viento, los vi con los prismáticos . Ella sí era una sirena no como la del “Viento Fresco”. Cuando me acerqué, para saludarla, se escondía detrás del “sobrino”. Claro, el agua estaba muy transparente. La saludé de lejos y me fui. Los pescadores se emborracharon en seguida y se corrían medio desnudos por la cubierta. Total nadie los veía. Yo lo vi porque me llamó el sinvergüenza de Heriberto. El seguía al barco, se izaba con la guindola y desde el tope del mástil con un enorme teleobjetivo filmaba. Era sólo para divertirse. Pero los iba a filmar a ellos dos también. No podía ser. Ella no era así. Ella no debía ser vista así.

Era triste ver los despojos del queche tirados en la playa. Era el cadáver de un barco. Como el de Amalia. Pero no podía ser de otra forma. Todos se iban a enterar. ¿Como podía estar ella así con ese asqueroso? Para Heriberto era una broma, una diversión, se reía de lo que filmaba. No se reía cuando lo bajaron del mástil. Estaba ensangrentado como el asqueroso al caer al agua, por eso seguro que se lo comieron los tiburones. En cambio ella estaba con los ojos abiertos como cuando la encontraron. Pero tengo que contar lo de los pescadores, no terminé el relato.¿Por qué tanta gente lee lo que escribo? ¿Por qué el oficial me dice que ya es suficiente? Tengo que contarles todavía de la mujer gorda que cayó al agua y arrastró al....

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